La vida cierta

Otro domingo en la isla, en este pequeño pedazo de lava y salitre del Atlántico. Hoy pienso en lo que soy y en lo que pude ser. En la mujer en la que me he convertido y en todas esas otras que nunca llegué a ser. En mis vidas erradas.

Fernando Pessoa escribió una vez: «Tenemos, quienes vivimos, una vida que es vivida y otra vida que es pensada, y la única en que existimos es la que está dividida entre la cierta y la errada». Mi vida cierta ahora, casi un mes después de mi vuelta de Madrid, es muy distinta de la que había pensado.

Yo podría estar viviendo ahora mismo en Lavapiés, estrenando este mes de noviembre en la capital. Podría estar escribiendo desde un estudio de veinte metros cuadrados en lugar de desde esta habitación con vistas al pimentero de mi vecino. Podría estarme acostumbrando al clima con unos cuantos grados menos, al ritmo frenético de una ciudad que nunca duerme. Podría estar sumergiéndome en las entrañas del metro en vez de bajo las olas. Podría estar yendo a exposiciones, conciertos, recitales de poesía. Podría estar chocando contra otras bocas, haciéndome añicos en otros cuerpos, convirtiendo en hogar otras pieles. Podría estar enamorándome de otros.

Sin embargo, en esta vida cierta que es la única que tengo, me he enamorado de ti. Y eso, supongo, lo cambia todo. Quiero esta vida, no otra. Esta vida en la que puedo amarte. En la que me devuelves las ganas de sentir y me quitas las ganas de marcharme.

Es absurdo pensar que solamente tenemos una gran oportunidad, un solo tren al que subir antes de que se marche del andén y nuestra vida descarrile, una sola versión de nosotros mismos a la que aspirar. Una sola vida. Un único gran amor: el amor de nuestra vida, nuestra alma gemela, nuestra media naranja. He entendido que eso no son sino patrañas del amor romántico. Si ya es complicado a veces entenderse a una misma, ¿cómo va una sola persona a entendernos y a colmarnos en todos los aspectos? ¿Cómo podemos colocar nuestra felicidad en un lugar tan inestable?

Yo no quiero que seas mi media naranja ni mi medio aguacate, no quiero que seas mi alma gemela ni mi amor mellizo. Lo que quiero es que sigamos amándonos en esta vida elegida. Que, sabiendo que podríamos ser felices por separado, elijamos ser felices juntos. Porque, como ya dijo Tokio en La Casa de Papel, hay muchas vidas por vivir y muchos amores de la vida por conocer.

No has sido mi primer amor, pero sí el que ha hecho que los otros parecieran grises, insustanciales. No sé si serás el amor de mi vida, pero me la alegras. La haces más soportable. Y con eso me basta.

Vamos a vivir. A permitirnos sentirlo todo. A dejarnos llevar.

Y que pase lo que tenga que pasar.


Escrito por

Julia. Canarias, 24 febreros. Graduada en Estudios Francófonos Aplicados. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

2 comentarios sobre “La vida cierta

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