Los abrazos rotos

Tal vez nuestro problema fuese

que nos daba más vértigo

arrojarnos al vacío de un abrazo

que caer sobre el colchón.

 

Que follábamos

mucho más

de lo que nos abrazábamos.

 

Siempre nos pareció

más íntimo

darnos un abrazo

que un orgasmo.

 

Tú y yo éramos expertos

en coreografías nocturnas,

en batallas cuerpo a cuerpo

sobre el ring del deseo,

en desgastar la rutina

y los labios

hasta la madrugada.

 

Éramos

dos expertos bailarines

en la danza de la piel:

tú dabas pasos de tango

en la pista de mi cintura,

yo bailaba una samba

bajo tu vientre.

 

Éramos dos felinos

saciando su apetito a medianoche,

dos gatos

muriendo siete veces

por noche.

 

Tú sabías exactamente

dónde tocar

para sacar mis mejores acordes,

yo conocía el lugar exacto

en el que apretar

para desbordar tu deseo.

 

Y un día,

cuando quise abrazarte,

todo ardió

y quedó en brasas.

 

Mi alma abrazófila

y la tuya abrazófoba

solo eran compatibles

en la frontera de la cama.

 

Lo entendíamos todo

de la piel,

pero nada de su epicentro.

 

Lo sabíamos todo

sobre el fuego,

pero nada

sobre el calor.


Escrito por

Julia. Canarias, 24 febreros. Graduada en Estudios Francófonos Aplicados. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

2 comentarios sobre “Los abrazos rotos

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