El salto

«Todo en el amor es salto. Todo en el amor

es atrevimiento, como en la escritura».

– LORENA G. MALDONADO

Te escribo estas palabras porque, si jamás nos atrevimos a ser valientes en la vida, quiero al menos serlo en el papel. Estas palabras son el salto literario que ni tú ni yo supimos dar en el amor. Quiero atreverme a escribirte, aunque sepa que no lo mereces. Quiero atreverme a contar lo que fuimos para recordarme lo que no quiero volver a ser. Para comprender cómo pudimos caer tanto y tan bajo, si nunca llegamos a saltar.

Pero, ¿qué fuimos, en realidad? ¿Llegamos a ser algo más que el choque fortuito de dos cuerpos que un día se desviaron de su trayectoria? No, no podemos decir que saltamos, que cogimos carrerilla para arrojarnos el uno a los brazos del otro. Lo que en realidad sucedió fue que nos rendimos a la caída libre y lo disfrazamos de salto.

Y, en algún punto espacial entre tu caída y la mía, nos pasaron cosas que confundimos con el amor. Pasaron desayunos, paseos por la playa, cervezas junto al mar, cenas regadas de vino, besos con sabor a drogas como el alcohol o la cafeína o el amor, algún derroche, almuerzos en italianos y en guachinches, muchas más cervezas y, sobre todo, algunas noches de fuego y osadía seguidas siempre de despedidas cobardes. Pasaron muchos trenes a los que no nos llegamos a subir porque siempre nos gustaron más los aviones. Las pistas de despegue.

Nunca saltamos. Nunca despegamos los pies del suelo. Yo ya me había cansado de confundir la caída con el vuelo y tú nunca te atreviste a ir un paso más allá para saber si era tierra firme o abismo lo que nos esperaba. Me prometiste paseos en moto, despertares más amables, viajes a Granada, canciones de rock y noches de tango. Me dijiste que un día me llevarías a volar a cielo abierto, que cruzaríamos el mar. Tanta promesa, chico, y me hubiera conformado con que te hubieses atrevido a saltar.

Tú, que propusiste atravesar océanos, no saltaste ni un charco por mí. Yo, que me he cansado de vivir siendo cobarde, voy a arrancarte como a una página mediocre que no aportó nada a mi historia. Voy a lanzarte a las llamas en este San Juan y voy a saltarte para que no regreses.

Ahora entiendo que el salto, el único salto que merecías, es este que ahora doy para dejarte atrás.


Escrito por

Julia. Canarias, 24 febreros. Graduada en Estudios Francófonos Aplicados. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

4 comentarios sobre “El salto

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