La luz

«No consigo dormir.

Tengo una mujer atravesada entre los párpados.

Si pudiera, le diría que se vaya;

pero tengo una mujer atravesada en la garganta».

– EDUARDO GALEANO

Vuelvo a esta isla vecina cuatro años más tarde. Esta vez, en lugar de para ir a ver un concierto contigo, regreso con mi familia. El caso es que regreso. Vuelvo a pasear delante de la misma playa, de la misma arena, de los mismos recuerdos. Paso por el Alfredo Kraus y me quedo mirando el cielo: te juro, amiga, que el tono de las pinceladas del cielo es el mismo que el de aquella tarde. Algo así como el color Pantone Coral 16-1546.

No te diré que todo sigue igual, porque mentiría. El mundo y yo hemos cambiado, sobre todo el mundo. Ahora la gente lleva mascarilla y hay cada vez más distancia social (no solo física). He dejado a dos novios y ha pasado por mi vida una estrella fugaz que alumbró un poco mi invierno. Se fueron personas de las que no tuve el valor de despedirme y nuestra isla se volvió un lugar más feo. He acabado la carrera, me fui a vivir a Francia unos meses y volví a casa. Nos confinamos, salimos, creció la curva de contagios y nuestro egoísmo. En fin, no quiero aburrirte. He vivido dentro de las posibilidades que te da una pandemia mundial…

Sin embargo, en esta playa, en este momento, todo parece estar en el mismo lugar en el que lo dejamos aquel día. La arena y el cielo tienen los mismos matices, los surferos siguen cogiendo las mismas olas de derecha, la misma brisa marina me  acaricia el rostro. Incluso la radio me trajo de nuevo la voz de Vanesa y me hizo recordar aquel concierto… Pero observo esa esquina donde nos sentamos a hablar durante horas mirando el atardecer y me río al recordar cómo éramos. Me doy cuenta de que, cuatro años después, sigo teniendo al mismo hombre atravesado en la garganta.

Ya no la atraviesa de forma cortante, dejándome sin aire como cuando te hablé de él en este mismo rincón del Atlántico. No, ya no siento lo mismo por él. Ahora atraviesa mi vida de puntillas, a ratos. Se cuela en mi pantalla de móvil algunas veces para contarme qué tal le va, me envía algún meme, me sigue haciendo sonreír con sus chistes malos.

Te preguntarás qué pasó al final y te diré que lo que pasó fue la vida. Nuestras vidas se fueron complicando, separando, y ni él ni yo cogimos el avión. Te hablé de él cuando éramos dos rectas queriendo ser perpendiculares y con el tiempo nos hemos convertido en dos cuerpos paralelos con trayectorias que jamás llegaron a cortarse.

Creo que el tiempo y la distancia me han hecho verlo sin filtros. Sin idealizarlo. Tal vez sea lo mejor: puede que en realidad nunca me gustara de verdad. Que fuesen mis antílopes y mis inseguridades de entonces quienes me atravesaban el estómago y yo lo confundí con mariposas. Puede incluso que un día nos veamos y despejemos las incógnitas que tuvimos. Pero será, sin duda, desde un lugar mucho más sano.

Creo, amiga, que un poquito sí que he madurado desde entonces: sigo teniendo amores platónicos, pero ya no estoy dispuesta a entrar por nadie a ninguna caverna. Cómo iba a elegir la sombra con este solito tan bueno que se ha quedado…

Hoy, cuatro años después, elijo la luz.


Escrito por

Julia. Canarias, 24 febreros. Graduada en Estudios Francófonos Aplicados. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

5 comentarios sobre “La luz

  1. ¡Qué bien se está cuando se está bien con uno mismo! Pero qué difícil es el tránsito por la vida para llegar a ese estado.

    Aunque no recibas muchos comentarios, algunos leemos todo lo que publicas, y nos sacas una sonrisa cuando nos haces rememorar experiencias pasadas.

    Gracias por compartir tus vivencias, y además tan bien.

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  2. La verdad es que sí, es muy difícil a veces, pero a mí siempre me gusta recordar esa frase que dice: «No hay amor suficiente capaz de llenar el vacío de una persona que no se ama a sí misma». Tenemos que amarnos y respetarnos primero, antes de exigirlo en los demás.

    Gracias a ti por leerme y por dejarme un comentario tan alentador, es un placer saber que mis letras te han hecho rememorar tus propias vivencias.

    ¡Un abrazo y feliz domingo! 💗

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  3. Eres maravillosa. Le das muchas vueltas al coco (no sé de quién habrás heredado esa manía de dejar que te persigan los pensamientos hasta enredarlos en una madeja, una madeja que luego precisa de una mente muy habilidosa para el desenrede…); pero sabes hilar las vicisitudes en palabras certeras y hermosas. Esta sociedad tan individualista y «selfidiana» necesita de personas auténticas. Muy orgullosa de haberte parido y estar en tu vida.

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