La belleza de las cosas invariables

“ No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado

para darte cuenta de cuánto has cambiado tú”.

Nelson Mandela

Me gusta la belleza de lo invariable. De las cosas que no cambian. De lo sempiterno. Todas esas que permanecerán inalterables cuando nosotros seamos devorados por los gusanos. Todo aquello que sigue existiendo impasible a nuestra existencia, sin alterarse ni cambiar su ritmo a pesar del acelerado palpitar humano. Me gusta sentir que, a veces, todo sigue igual por mucho que nosotros cambiemos.

Te hablo de cosas pequeñas. Detalles. De lo delicado. Minúsculas particularidades de la vida en las que nadie se fija. Te hablo, por ejemplo, del amanecer. Siempre ahí, cada madrugada. Siempre asiste a su cita, jamás se echa para atrás ni llega tarde. El amanecer es algo tan bello como inalterable: cada día regresa con sus tonalidades entre rojizas y anaranjadas, en el momento previo a la muerte de la oscuridad. Siempre trae nuevas esperanzas, nuevas historias. O tal vez nuevas resacas… Sin embargo, a pesar de que un día nosotros nos sumiremos en una oscuridad irreversible, siempre habrá nuevos amaneceres.

Te hablo, también, del olor del café al despertar. De esa cafeína corriendo por tus venas que hace las mañanas más amables y la vida más soportable. El olor del café es universal en casi todos los hogares del mundo, todos conducen ansiosamente sus labios a ese delicioso líquido negro que convierte el mal humor en energía. Ah, el café, eterno compañero de insomnios y confidencias…

Qué hermoso es lo inmutable. Como el viento que mece las ramas del ciruelo que veo desde mi ventana. La oscuridad vertiginosa de esos ojos que revolucionaron mi vida. La dulzura de los labios con sabor a ron. La curva entre la playa de mi infancia y el pueblo pesquero desde la que tanto me gusta ver atardecer. La cala con vistas al paraíso que me abre sus brazos cada verano, como si el tiempo no hubiera pasado. Las arruguitas de los ojos de mi madre cuando se ríe. La alegría de mis perras cuando regreso a casa. Los libros, que siempre me ofrecen refugio cuando mi vida me sabe a tormenta. Las letras, que siempre son madero al que me agarro cuando mis ojos se convierten en tsunami. Los amigos verdaderos, que son las manos que te aferran contra el desmayo cuando las fuerzas flaquean. Las personas que son paracaídas, activándose en el momento exacto en el que la vida abre un abismo a tus pies.

No puedo evitar amar esas cosas que se resisten a transformarse. No sé, me dan seguridad. Sé que ellas no me abandonarán. Que, por muchas hojas que le arranque al calendario, ellas son ajenas al tiempo. No tienen edad.

Amo las cosquillas que se forman en el estómago y también más al sur cuando estás a punto de dar un beso y sospecho que, tengamos quince años o sesenta, nunca nos abandonan. Amo los contrastes de esta isla en la que tuve la suerte de nacer, paisajes que me dejan sin aliento y que también se lo robarán a quienes vengan cuando yo ya no esté. Amo el consuelo eterno que ofrece una canción, sin importar cuando la escuches. Amo saber que, dentro de cien años, habrá quienes podrán seguir hallando cobijo en la voz de Silvio y que el principio de su Ojalá siempre será el mismo: «Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan para que no las puedas convertir en cristal».

Hay cosas que nunca cambian: el calor de un abrazo, el fuego de una piel contra otra, el incendio de dos miradas que se hablan desde lejos.

Me tranquiliza saber que no hay nada más inmortal que el arte, que podemos escuchar a Los Beatles en 2020 y que seguirán siendo escuchados el próximo siglo. Me reconforta, hace que recupere mi fe en la humanidad. Saber que Andrés Suárez, Leiva, Carmen Boza, Vetusta Morla, Joaquín Sabina, Silvio Rodríguez, Jarabe de Palo, Aretha Franklin, Amy Winehouse, Elvis, Nirvana, los Rolling, Adele, Bob Dylan, Nina Simeone, El Kanka, Rozalén, Zahara y Estopa siempre sonarán. Que la voz cálida de Elvira Sastre, Mónica Gae, Loreto Sesma y Marwan recitando nunca se apagará. Que, cuando mi frecuencia cardiaca sea de cero latidos por minuto, la poesía de Borges, Neruda, Lorca, Bécquer, Rubén Darío, Machado, Benedetti, Whitman, Baudelaire, Rafael Alberti, Julio Cortázar y Miguel Hernández seguirá latiendo. Que Shakespeare, Kafka, García Márquez, Zafón, Virginia Woolf y Simone de Beauvoir seguirán viviendo. Que la gente podrá seguir leyendo Cien años de soledad, La sombra del viento, La verdad sobre el caso Harry Quebert, Don Quijote de la Mancha, El extranjero, el Romancero gitano, El viejo y el mar, Ensayo sobre la ceguera, Madame Bovary, El Principito, El segundo sexo, El gran Gatsby, Una habitación propia, Patria, La historia interminable, Las brujas, El rayo que no cesa, Baluarte, La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida, Días sin ti, Seda, Alzar el duelo… Que la prosa y la poesía actuales seguirán inundando muchos ojos de belleza cuando los nuestros ya se hayan cerrado.

Quizás me guste tanto eso que sigue siempre constante porque, cuando mi alrededor se tambalea, me sirve de cimiento y evita que todo se derrumbe. La belleza de las cosas invariables reside en que, al volver a ellas y observar que no han cambiado, te das cuenta de cuánto has cambiado tú. Porque, aunque la vida sea un cambio incesante, a veces todo lo que necesitamos es permanecer un ratito en eso que nos hace felices. Quedarse a vivir en la alegría. Ser eternos mientras dure. Solo cinco minutos más.

Cuando el mundo se vuelva más feo, estallará en cada rincón la belleza de las cosas invariables.

Cuando todo muera, el arte sobrevivirá.


Escrito por

Julia. Canarias, 23 febreros. Graduada en Estudios Francófonos Aplicados. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

4 comentarios sobre “La belleza de las cosas invariables

  1. ¿Se volverá algún día feo el mundo?
    Si dejase de haber amaneceres, si Bob Dylan no sonará, si Cien Años de Soledad no se hubiese escrito, habría otro regido por el mismo principio, el AMOR, con mayúsculas, que nos haría gozar como en este.
    Si el ARTE, el AMOR, sobrevivirán.

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  2. Toda la razón, el amor y el arte siempre estarán ahí moviendo el mundo, haciendo de él un lugar mejor. Muchísimas gracias por leerme y comentar, es un placer entrar a este rinconcito y encontrar alguno de tus comentarios. Un abrazo 🖤

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