Tres mil quinientos kilómetros

“ Eres la persona perfecta

en la distancia equivocada”.

Los amores a distancia están llenos de belleza. Son genuinos. Tienen una especie de autenticidad que se ha ido perdiendo en el siglo XXI. Sí, también son una putada, para qué negarlo… Requieren paciencia, confianza y compromiso mutuo y en ocasiones te dejan el estómago hecho un amasijo de nostalgia y soledad. Requieren aceptar que hay tres mil quinientos kilómetros de distancia y tres meses de espera entre ambos. Y, sin embargo, en esa espera descubres otras cosas. Cosas que en una relación diaria no se valoran tanto.

Cosas como que yo no lo dejaría todo si me dices ven, ni tú tampoco, pero cuando vienes o voy todo cobra sentido. Cosas como los abrazos en la terminal al aterrizar, ese abrazo que nos hace sentir a los dos en casa estemos donde estemos. Que me rodees la espalda por detrás mientras hago café. Conocerte en modo susurro, en modo gemido, en modo carcajada y en modo gruñido. Querer descubrirte en el resto de modos. Que te duermas con la boca abierta cuando estás muy cansado y que al despertar a tu lado siempre estés sonriendo en sueños. Verte reír, inundando toda la sala de belleza. Que me hagas sonreír. Los masajes. Los bailes tambaleantes tras el vino. Los besos lentos y también esos en los que nuestras bocas se buscan ansiosamente para comenzar la coreografía que terminará de madrugada. Que nos miremos en medio de una conversación con más gente y sepamos lo que estamos pensando. Cerrar los ojos y llegar a la petite mort juntos. Las caricias en la nuca al conducir. Besarte el salitre de tus labios. Mirar la luz del sol en tus ojos. Despojarte de arena y de ropa con mis dedos inquietos al llegar a casa. Fingir siempre que se nos olvida algo al hacer las maletas para dejar un trocito de nosotros al marcharnos. Las lágrimas de la despedida y debernos siempre un reencuentro.

Los amores a distancia son agridulces: la espera es amarga y los reencuentros son deliciosos. Sería mucho más fácil despertar y tener tu cuerpo al alcance de mis dedos. Sería mucho más sencillo que la mayor frontera que existiese entre ambos fuera la de la piel. Sería mucho más simple tener una relación de kilómetro cero. Lanzarnos besos a quemarropa hasta matarnos de ganas, en lugar de estar heridos de gravedad por las pantallas blindadas y los besos volados que tienen tan poco alcance.

Ambos sabemos que sería más sencillo, amor. Pero es que nosotros no queremos un amor sencillo, sino un amor real.

Y, en este mundo de filtros y de postureo, tú eres lo más real que he conocido.


Escrito por

Julia. Canarias, 23 febreros. Graduada en Estudios Francófonos Aplicados. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

4 comentarios sobre “Tres mil quinientos kilómetros

  1. Hay personas por las que merece la pena la distancia, personas que cuando estás con ellas se te olvida todo y solo tienes el ahora
    Sin duda, la distancia es una putada, pero, como bien dices, también tiene sus cosas buenas

    Le gusta a 1 persona

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