El día que se confundió el aburrimiento con la pérdida de tiempo

 

¡Feliz domingo! ♥♥ Espero de corazón que estés pasando esta cuarentena de la mejor manera posible: que estés muriendo en el piso con los vídeos de ejercicio de Patry Jordan, haciendo pan y postres, cocinando recetitas sanas cual concursante de Master Chef, llamando a tus amigos y echándolos de menos, viendo pelis guapas, echándote tus buenas copitas (o copazas) de vino... O simplemente, que estés en calma sin hacer nada. Porque, ahora que por fin tenemos tiempo, merecemos disfrutar de él y concedernos momentos de paz y silencio si los necesitamos. Hace bastantes días que he estado reflexionando sobre esto: sobre el miedo que tiene mucha gente al silencio y al aburrimiento, sobre cómo muchos están llenando de actividades cada minuto de sus días como si no hubiera un mañana... Parece que nos da miedo aburrirnos, pero el aburrimiento puede ser maravilloso. Por eso, quiero compartir hoy contigo este fragmento del libro Mierda bonita de Pablo Gisbert. Espero que te haga reflexionar o que te entretenga un poco en estos momentos tan complicados. ¡Un abrazo y mucho ánimo! 🙂 

En esta ciudad está Zygmunt Bauman.
Tiene 90 años.
Está escribiendo una carta a su nieto.
Respondiendo a su última carta, Zygmunt Bauman escribe:
“Nuestros días están completamente impregnados por la economía.
Ella está arraigada en nuestra idea del amor.
Ella limpia las tumbas de los cementerios.
Da de comer a los niños.
Ella elige la música, la ropa, los libros que lees.
Abre todas las mañanas las persianas de las cafeterías.
La economía pone el despertador por la noche.
Ella misma, de la mano, te enseña las ciudades que quieres visitar.
Pone música en las fiestas y ambientación en los entierros.
Te ofrece soja en vez de leche.
Ella es el alma de la fiesta,
es la guapa y la fea a la vez.
Te la puedes encontrar paseando por Zürich, por Valparaíso, por Beirut.
Te la puedes encontrar vestida de chándal, de boda, de uniforme,
y siempre te saludará, y te tratará bien, y siempre tendrá un tema interesante de
conversación. Ella es todas las posibilidades y sus excepciones.
Ella ayudó a tirar el muro de Berlín, a bombardear Gaza, iluminó el Maracaná en el
Mundial, se pasea por Ciudad Juárez buscando mujeres,
duerme abrazada todas las noches a Jeff Koons.
Y la verás escondida en una conversación entre dos niños.
Y la verás escondida entre camas de hospital.
Y la verás disfrazada de sushi, disfrazada de tarotista, disfrazada de preservativo.
Y en todas estas ocasiones ella te convencerá de todo, porque es la única capaz de ordenar el mundo, ella es infinitamente erótica.
Y al final, cuando llega la noche, todos volvemos caminando a casa con ella,
y en el sofá, ella nos abraza y empieza a besarnos.
Y nosotros nos dejamos besar.
Zygmunt Bauman continua y escribe:
“Lo único que la economía todavía no ha podido comprar, lo único que no ha convencido
y seducido, es el aburrimiento.
El aburrimiento, de alguna forma, es contraeconómico.
Las aventuras se practican en América.
Las fantasías sexuales se sacian en Asia.
La transgresión se vende en Europa.
La libertad se ha confundido con la adrenalina.
Las fiestas, las ciudades y las personas están obligadas a no ser aburridas.
Porque el aburrimiento huele a fracaso.
Y, en definitiva, el aburrimiento no vende.
Creo que la vida tiene mucho de aburrimiento,
y en el aburrimiento hay algo de verdad:
No hay filtros.
El aburrimiento no tiene neones, ni vestuario, no tiene banda sonora.
Y pienso que el aburrimiento aún esconde partículas del verdadero, y ya extinguido,
ritmo natural humano.
Estar sin más.
Mirar sin más.
Caminar sin más.
El día en que definitivamente decidimos apartarnos de la naturaleza,
fue el día que se confundió el aburrimiento con la pérdida de tiempo.
Porque de esta supuesta pérdida de tiempo nace lo único que nos separa de los
animales, la reflexión.
Las cosas avanzaron porque alguien, en su día, reflexionó.
El aburrimiento es el tiempo exacto de las cosas.
Y nosotros, por una sobreestimulación constante,
pensamos que toda falta de estímulo es una pérdida de tiempo.
Por eso, por favor, exijo tiempo para aburrirme.
No me entretengáis, no quiero ver nada, no quiero ir a ningún sitio.
Quiero que me tratéis como a las ovejas, dejadme pastando, bebed mi leche,
tocadme las tetas de vez en cuando, y, al final, matadme, comedme y cagadme, porque
es lo único que sabemos hacer bien.”
Y aunque poca gente envíe cartas, Zygmunt Bauman mantiene la costumbre,
aunque sólo sea con los buenos amigos y con su nieto.


Julia Viciana

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Escrito por

Julia. Canarias, 23 febreros. Graduada en Estudios Francófonos Aplicados. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

4 comentarios sobre “El día que se confundió el aburrimiento con la pérdida de tiempo

  1. Te agradezco esta reflexión que nos compartes: Saludos desde Colombia, ciudad de Cali donde el día es caluroso y tierno, oigo ladrar los perros y ronronean los animalitos, el encierro barrió la bulla de ciudad.

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