Dignidad

Llevo casi un mes trabajando en Francia como repartidora a domicilio y hay algo que me ha llamado gratamente la atención de la cultura francesa: los nombres de sus calles. A fuerza de tanto callejear, de doblar esquinas y llegar a destinos haciéndome amiga de la irritante voz del GPS, se me van quedando grabados los nombres de las calles. Escribo esto en una pausa en la que no recibo ningún pedido y la última entrega que hice fue en el número 13 de la calle García Lorca.

Siempre escucho eso de que los franceses son muy suyos, que son muy patrióticos y se creen el ombligo del mundo, la crème de la crème, los más sophistiqués y sensationnels de la planète. Si bien es cierto que a veces se les va un poco el baifo y se pasan de arrogantes, creo que si de algo pueden estar orgullosos es de su educación y de su cultura. Se trata de uno de los países de la Unión Europea que más invierte en educación y eso se nota. Además, cuenta con una rica cultura especialmente en el ámbito del arte y de las letras.

La cultura es la mayor riqueza del pueblo, es lo que nos distingue y por eso hay que protegerla. A uñas y dientes si hace falta contra esos que quieren atentar contra ella, pues saben que un pueblo culto es un pueblo difícil de manipular y eso no interesa. Hay que perseguirla cada día, empaparse de ella, ondearla a los cuatro vientos porque es mucho más valiosa que cualquier bandera. No sé tú, pero yo preferiría morir en nombre de la poesía, de la pintura o de la música en lugar de matar defendiendo un pedazo de tela con ciertos escudos y colores que alguien ha decidido que me representan. Morir defendiendo el arte y el amor como hicieron Lorca y tantos otros.

Francia sabe que la cultura hace al pueblo libre y que gran parte de lo que es hoy como país se lo debe a tantos artistas y revolucionarios del pasado. Por eso puedes encontrar residencias estudiantes que se llaman Stendhal, Louis Weil, Beethoven,  Botticelli, Matisse, Gauguin, Saint-Exupéry… Por eso hay calles y avenidas llamadas Pablo Picasso, docteur Pascal, Paul Verlaine, Paul Claudel, Alfred de Vigny, D’Alembert, Jeanne d’Arc… Plazas que llevan el nombre de Frida Kahlo o la plaza Victor Hugo, que podría considerarse el epicentro de la jarana en Grenoble, el lugar desde el que suelen comenzar los buenos planes. Nombres de personajes franceses o no, pero que indudablemente han hecho del mundo un lugar mejor tras su paso.

Me entristece arrojar una mirada en estos días a España, mi tierra, y ver cómo cambian las cosas. Hoy en día siguen en vigor leyes, estatuas, edificios, pantanos y nombres de calles y de plazas que la dictadura dejó como legado. Símbolos franquistas que siguen contaminando las calles españolas con un olor a rancio y que incumplen la Ley de Memoria Histórica, esa que tanto les asusta a los señores de VOX y que quieren eliminar justificando que «reabre nuevas heridas», cuando lo que reabre nuevas heridas es precisamente derogar dicha ley. Las víctimas del franquismo tienen derecho a cerrar esas heridas. Al fin y al cabo, es su herida, su dolor. No tiene sentido, por tanto, que venga un déspota a decirles cómo tienen que hacer frente a su dolor y a negarles que se eliminen todos esos símbolos que siguen generando tanto daño. Dicen los de Abascal que esto reabre nuevas heridas, como si no fueran ellos quienes no dejan de hurgar en ellas, de fracturar los huesos ya doloridos de nuestra sociedad. Como si no fueran ellos en sí mismos una herida para la democracia y la libertad. Tal vez no les interese que exista la Ley de Memoria Histórica porque así pueden ocultar más tranquilamente sus vínculos con la Fundación Francisco Franco, tal vez puedan justificar así algunas de esas «100 medidas para la España viva» que paradójicamente son tan letales para la libertad.

Últimamente, a raíz de la exhumación de Franco, he recibido comentarios del tipo: «Pero es que no merece la pena estar ahora removiendo hechos que ocurrieron hace tanto tiempo», «Pero es que hubo dictadores peores que Franco» y otro tipo de frases que usan a modo de pilares podridos que no son capaces de aguantar durante más tiempo el peso de la realidad: no se puede mantener en un mausoleo a un dictador asesino junto a miles de personas que fueron sus víctimas, no podemos pretender que se siga tratando como un héroe a un genocida ni que tantos otros criminales sigan sin ser juzgados. No podemos permitir que siga habiendo tantas familias que aún arrastran ese dolor, con sus seres queridos en fosas comunes y sin haber podido aún enterrarlos dignamente. Claro que se pueden remover hechos que ocurrieron hace tanto tiempo, porque si seguimos permitiendo esa injusticia serán los muertos los que se revuelvan en su tumba – o en sus fosas –. Esos que justifican que hubo dictadores «peores» que Franco no se han parado a observar que en Alemania sería impensable cruzarse en una calle con estatuas en honor a Hitler, así como a los italianos no les cabe en la cabeza  mantener en su país símbolos en honor a Mussolini.

Spain is different, sí. Es el único país de Europa donde seguimos permitiendo que se justifique y se defienda una dictadura de 40 años como fue el franquismo. Y donde permitimos también que haya partidos que sigan perpetuándolo.

Esto es una cuestión de dignidad. Y no es digno que hoy en día, en pleno siglo XXI, no sepamos con certeza dónde están los restos de Lorca ni de tantas otras víctimas que murieron injustamente pero sí los de un asesino.

 


Julia Viciana

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Escrito por

Julia. Canarias, 22 febreros. Graduada en Estudios Francófonos Aplicados. Soy una mortal más que intenta descifrarse a través de las palabras y que escribe para saber lo que siente.

4 comentarios sobre “Dignidad

  1. Bravo Julia! A mí también me da pena comparar España con otras culturas en que han dado pasos para cerrar heridas, aprender de su historia e investir en la educación como futuro. Nos queda mucho por aprender y no tiene pinta de que vaya a cambiar a corto o medio plazo…
    Saludos.

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  2. ¡Muchísimas gracias! Como dices, es triste ver cómo otras culturas siguen adelante para cerrar heridas y en la nuestra se siguen permitiendo ciertas cosas que en otros lugares serían impensables. Te agradezco de corazón que hayas leído el texto, que te haya hecho reflexionar y que emplees tu valioso tiempo en escribirme unas palabras. Feliz comienzo de semana. Un abrazo 🖤🌸

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